“Diez…”
Son las 2:50 AM y estoy segura que no hay ningún negocio abierto a estas horas cerca de mi casa. Pero mi garganta desea la burbujeante satisfacción de una cerveza fría.
“Nueve…”
Mi mano derecha recorre mis cabellos, intentando darles un aspecto más presentable y menos descuidado. Cinco cabellos quedan atrapados entre mis dedos, cabellos que ya han perdido el lustre oscuro que originalmente poseían.
“Ocho…”
Piso frio, mis pies están desnudos. Mis ojos encuentran entre la oscuridad un par de zapatos azules, los únicos que puedo ponerme sin usar calcetines, sin calcetines como aquella noche.
“Siete…”
La puerta se cierra quebrando el silencio de la noche y el eco se oye a lo largo del corredor. Me pongo una campera encima para espantar al frio y una bufanda alrededor de mi cuello para aliviar la soledad.
“Seis…”
En la oscuridad de la calle se ven islas de luz cada cinco metros, círculos que dan un falso sentido de seguridad a los temerosos y acogen a las mujeres de la noche. La luz que crea mi ilusión eterna de los dieciocho.
“Cinco…”
Nunca encuentro lo que busco pero igual intento, sólo sueño sobre mis deseos. Fantasías de niña que sólo existe dentro de cuentos y fabulas.
“Cuatro…”
El reloj de la avenida principal marca las 3:00 AM. Mierda, mi reloj está atrasado…
(–continuará–)